Homilía 50 años de Bogotá

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HOMILÍA EN LOS CINCUENTA AÑOS DE LA PROVINCIA DE BOGOTÁ PARROQUIA DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

1 DE AGOSTO DE 2010

Queridos hermanos y hermanas aquí presentes, estimados televidentes, de manera especial quienes están en los hospitales, en las cárceles, privados de la libertad, sean todos bienvenidos a participar en este banquete eucarístico.

Hoy, primero de agosto, los redentoristas del mundo estamos celebrando la fiesta de San Alfonso María de Ligorio, fundador de la Congregación del Santísimo Redentor. En el marco litúrgico de esta fiesta, los redentoristas de Colombia, celebramos también las bodas de oro de la creación de la Provincia de Bogotá y el jubileo de algunos padres y hermanos que están cumpliendo 25, 50 y 60 años de fidelidad a Dios y perseverancia en el instituto.

Permítanme agregar un motivo personal, pero con profundas implicaciones en la Iglesia, en la Congregación y en el Vicariato de Puerto Carreño: hace dos días, a los pies del Señor de los Milagros de Buga, por imposición de manos de Su Excelencia Monseñor Aldo Cavalli, Nuncio de Su Santidad Benedicto VXI, el Señor me agració con el ministerio del episcopado. Don que quisiera compartir en primer lugar, con cada uno de los hijos e hijas que peregrinan a ritmo de Evangelio en el Vicariato Apostólico de Puerto Carreño; con todos los misioneros redentoristas de Colombia y el mundo, con los padres y hermanos jubilares, con los fieles de la parroquia San Alfonso y devotos del Señor de los Milagros, con ustedes televidentes. Al ser constituido sucesor de los Apóstoles, a Dios le pido la gracia de ser un Buen Pastor, a ejemplo de su Hijo; a San Alfonso le imploro que acreciente en mí la sensibilidad pastoral que él tuvo, para saber leer y responder a los signos de los tiempos desde el Evangelio. A todos ustedes, les ruego, me obsequien la oración permanente para que el Señor me sostenga en fidelidad en el ministerio que me ha confiado.

En la fiesta de Nuestro Fundador, muchas cosas se pueden decir de él, máxime cuando quien habla es uno de sus hijos. Pero, hoy prefiero recordar las palabras del entonces Papa Juan Pablo II, al dirigirse al Padre Juan Manuel Lasso de la Vega, con motivo del II centenario de la muerte del santo.

Escribió el Papa: “San Alfonso fue el gran amigo del pueblo, del pueblo bajo, del pueblo de los barrios pobres de la capital del reino de Nápoles, el pueblo de los humildes, de los artesanos y, sobre todo, la gente del campo”. Este sentido del pueblo caracteriza toda la vida del Santo, como misionero, como fundador, como obispo, como escritor. En función del pueblo repensará la predicación, la catequesis, la enseñanza de la moral y de la misma vida espiritual.

Como misionero anduvo a la búsqueda de las “almas más abandonadas del campo y de las aldeas rurales”, dirigiéndose al pueblo con los medios pastorales más idóneos y eficaces. Renovó la predicación en el método y en el contenido, ligándola a un arte de oratoria sencilla y directa. Hablaba de esta forma, para que todos pudieran comprender.

Como fundador quiso un grupo que, como él, hiciese la opción radical por los más abandonados y se instalase permanentemente cercano a ellos. Como obispo, su casa estaba abierta a todos, pero los visitantes más deseados eran los humildes y sencillos. Para su pueblo promovió iniciativas sociales y económicas.

Como escritor miraba siempre y sólo a lo que resultaba útil para la gente. Escribía, en 1972, el entonces patriarca de Venecia, cardenal Albino Luciani: “Alfonso es teólogo en función de problemas prácticos que resolver enseguida, como consecuencia de experiencias vividas. ¿Ve que en los corazones hay que reavivar la caridad? Escribe obras de ascética. ¿Hay que reforzar la fe y la esperanza del pueblo? escribe obras de teología dogmática y moral”.

La popularidad del Santo debe su fascinación a la disponibilidad, a la claridad, a la sencillez, al optimismo, a la afabilidad que llega a ser ternura. En la raíz de este su sentido del pueblo está el ansia de la salvación. Salvarse y salvar. Una salvación que va hasta la perfección, la santidad.

El sistema de referencias de su acción pastoral no excluye a nadie: escribe a todos, escribe para todos. Impulsa a los Pastores del Pueblo de Dios: en particular, obispos, sacerdotes, religiosos, al don de sí mismos en bien del pueblo a ellos confiado de una u otra manera.

Queridos cohermanos redentoristas, al celebrar las fiestas jubilares y los cincuenta años de la creación de la Provincia de Bogotá, en el marco del nacimiento para el cielo de nuestro santo fundador, los invito a contemplar la vida y obra de nuestro padre y legislador, porque “si como Santo, obispo y doctor, San Alfonso pertenece a toda la Iglesia, como fundador representa el punto de obligada referencia para la congregación”.

El Santo Padre Juan Pablo II subraya tres aspectos de su lección de vida:

La cercanía al pueblo: La preferencia será para los más humildes y sencillos, que generalmente son también los más pobres. Por ello, la congregación tanto ahora, como en los años futuros, debe empeñarse generosamente en proseguir la actuación de esta prioridad pastoral a todos los niveles.

Las misiones populares: Son una forma consolidada de la actividad pastoral de la congregación. Ellas han sido siempre una expresión de nuestra cercanía al pueblo. Las misiones, en las que San Alfonso dejó una impronta indeleble, deben lograr, a través de los redentoristas, un nuevo vigor para el bien de la Iglesia. Afirma Juan Pablo II: “En la predicación misionera, como en cualquier otra forma de la actividad apostólica, tened muy presente esos contenidos que han constituido siempre la peculiaridad de los hijos de San Alfonso: los cuatro novísimos, que se han de anunciar con la sensibilidad pastoral de hoy; el amor misericordioso de Dios Padre, Dives in misericordia; la plena Redención, realizada en Cristo, Redemptor hominis; la intercesión materna de María, Redemptoris Mater, abogada y medianera; la necesidad de la oración para alcanzar el paraíso y evitar el infierno”.

El estudio y la enseñanza de la doctrina moral: nadie ignora la gran importancia que tiene en nuestro tiempo la teología moral. La cultura contemporánea ha perdido en gran parte el vínculo esencial que debe existir entre Verdad-Bien-libertad y, por tanto, volver a conducir al hombre a redescubrirlo es hoy una de las exigencias propias de la misión de la Iglesia por la salvación del mundo.

Termina el Papa Juan Pablo II: “Quisiera recordar cuáles serían los deseos de tan gran Padre respecto a su herencia que es la congregación por él fundada”. Son los deseos que San Alfonso, expresó en su vida, en su acción pastoral y en sus escritos: la fidelidad a Cristo y a su Evangelio, la fidelidad a la Iglesia y a su misión en el mundo, la fidelidad al hombre y a nuestro tiempo, la fidelidad al carisma de vuestro instituto.

Sed siempre en vuestra vida y en vuestra actividad, sin ceder jamás, los continuadores de la obra del Redentor, del que lleváis el título y el nombre, según el fin de vuestro instituto marcado por el Santo: “Seguir el ejemplo de Jesucristo, predicando la Palabra de Dios a los pobres, como Él dijo de sí mismo: He sido enviado a evangelizar a los pobres”.

Que San Alfonso, a todos nos conceda la gracia de la perseverancia y la Pasión por seguir anunciando el Evangelio a los más pobres y abandonados según los signos de los tiempos que nos ha tocado vivir.

Que la Santísimo Virgen María en las advocaciones de la Inmaculada Concepción, patrona del Instituto, y Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, patrona de las misiones, nos acompañen en el seguimiento de Cristo.

 

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