Homilía misa posesión

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MISA PONTIFICAL

MONSEÑOR FRANCISCO ANTONIO CEBALLOS ESCOBAR

PUERTO CARREÑO, AGOSTO 22 DE 2010

Hoy, ante Ustedes, queridos hermanos y hermanas, digo: “Aquí estoy, Señor”. “Aquí estoy Señor para hacer tu voluntad”. Cristo al entrar en este mundo dijo: Aquí estoy, Señor. Se trata al mismo tiempo de una profunda actitud de adoración al Padre, de ofrenda sacrificial de la propia existencia, de disponibilidad total para el cumplimiento de la voluntad de Dios y de profunda solidaridad con todos los hombres, cargando con el pecado del mundo. Nos encontramos en el núcleo de la redención, en el corazón de Cristo sacerdote donde él pronuncia: Aquí estoy. En ese mismo instante María pronuncia su Fiat: “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según Tu Palabra”. Cristo y María unidos para siempre.

Con esta misma actitud de oración y de ofrenda, de disponibilidad y de solidaridad, queridos hermanos y hermanas, quiero iniciar hoy mi servicio episcopal, en este querido Vicariato de Puerto Carreño.

Iglesia Santa, Esposa de mi Señor crucificado y resucitado. Iglesia Universal que camina y vive en Puerto Carreño. Iglesia implantada en estos Llanos Orientales por Jesuitas, Agustinos, Morfortianos, Redentoristas. Pueblo de Dios reunido por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Asamblea Santa, Pueblo Sacerdotal. Nadie como tú, Iglesia del Señor. Iglesia constituida sobre el cimiento de los Apóstoles.

En la persona del Señor Nuncio Apostólico quiero transmitir mi afecto y gratitud al Santo Padre, al Papa Benedicto XVI, que nos preside en la caridad, y manifestarle mi plena y gozosa adhesión, a título personal y a nombre de este Vicariato.

He aquí también un pequeño, pero significativo grupo de presbíteros y misioneros de la Congregación del Santísimo Redentor, de la Arquidiócesis de Manizales y del Vicariato, estrechos colaboradores del Obispo. También la vida religiosa femenina representada por la hermana Blanca. Queridos sacerdotes, religiosas y religiosos, cuánta generosidad se esconde en su ministerio, ustedes llevan el peso del día y el calor de la jornada en el trabajo pastoral cotidiano del Vicariato. En este día la Iglesia los mira con esperanza, también el nuevo obispo. Verdaderamente el ser sacerdote, misionero, religioso o religiosa, es una vida apasionante. Vivan con gozo su vocación porque siendo fieles al Señor harán un gran bien a la humanidad desde su futuro ministerio.

Quiero seguir contando con Ustedes queridos misioneros redentoristas, a quienes la Santa Sede confió esta jurisdicción eclesiástica. Ustedes saben que yo estoy aquí en representación de la Congregación del Santísimo Redentor. Esta misión es expresión de nuestro carisma misionero de ir a las personas y lugares de mayor urgencia pastoral. Aprovecho la ocasión para agradecer a Monseñor Fabio Duque Jaramillo por la decisión de enviar a trabajar pastoralmente a este Vicariato a uno de los sacerdotes de su diócesis.

El nuevo Obispo viene a insertarse en esta historia de salvación y a caminar junto con ustedes compartiendo su responsabilidad antes tantos dones recibidos de Dios. Al obispo le corresponde acoger a todos, alentar a todos, unir a todos, reconociendo y alentando los carismas que cada uno ha recibido para el bien de la comunidad. Quiero ser obispo de todos y para todos. No olvidemos que la fuerza y la clave de la evangelización está en vivir el misterio de la Iglesia en plena comunión con el obispo en la diócesis y en plena comunión con el Papa en la Iglesia Universal. Esta es la fuerza que vence al mundo.

Están aquí tantos y numerosos cristianos fieles laicos, comunidades indígenas, familias enteras con sus hijos y sus abuelos, jóvenes, personas mayores, niños que hacen presente a la Iglesia en el mundo de tantas y múltiples maneras. Qué bonita es la Iglesia y más cuando se reúne festivamente para alabar al Señor e invocar su nombre.

No presten atención a quienes denigran de la Iglesia o sacan a reducir sus trapos sucios para atacarla. La Iglesia es nuestra madre, y aunque sus hijos seamos pecadores, ella nos limpia y nos hace hermosos, como una madre embellece a su hijo pequeño aunque se ensucie muchas veces. Qué hermosa es la Iglesia que de pecadores nos va haciendo santos. Queridos fieles laicos la Iglesia cuenta con su colaboración para llevar la sal y luz del Evangelio para un mundo que necesita ser renovado en el campo de la familia y de la vida, en el campo de la vida pública, de la cultura. No dejen que la Iglesia quede encerrada en la sacristía. Ustedes son la luz del mundo. Ustedes son la sal de la tierra. Con su testimonio, participación y entusiasmo la misión continental, que pronto iniciaremos, será un éxito.

Saludo al señor Gobernador del Departamento del Vichada, Doctor Juan Carlos Ávila Juanías, a la Honorable Asamblea Departamental, al Señor Alcalde de Puerto Carreño, Doctor Gregorio Hernández Colina, al Honorable Concejo Municipal, a las autoridades militares, de Policía, judiciales y académicas; su presencia honra a los habitantes de esta región y al nuevo Obispo. El nuevo Obispo de Puerto Carreño quiere colaborar, desde su ministerio episcopal, en todo lo que sea bueno para Puerto Carreño y el Departamento. Espero encontrar siempre en Ustedes esa recíproca colaboración para el bien común de los ciudadanos que habitan este Departamento y esta ciudad, católicos en su inmensa mayoría. La Iglesia no busca privilegios, sólo busca libertad para ejercer la misión que desde hace siglos viene enriqueciendo a la sociedad de múltiples maneras. La iglesia no impone a nadie su forma de pensar, pues la fe no se impone, sino que se propone. La Iglesia sabe convivir en medio de una sociedad plural respetando a todos sus ciudadanos, porque la Iglesia es experta en humanidad. Pero la Iglesia, pastores y fieles, no puede dejar de proclamar la verdad de Dios que salva al hombre, la verdad del Evangelio por el que han dado su vida miles y miles de santos en su historia bimilenaria. Temas siempre actuales como el matrimonio y la vida humana, la educación, la justicia y los derechos humanos, etc. No podemos callar sobre estos temas tan delicados y que afectan el bien del hombre, si calláramos cediendo al relativismo que nos envuelve o por complacer al auditorio o por miedo a no molestar a quienes nos mandan callar, traicionaríamos nuestros más sagrados deberes.

Al reemprender el trabajo pastoral en esta porción de Iglesia, pero ahora como Obispo, quisiera decirles que con gusto me entregaré al servicio de la Iglesia, de todos ustedes, de los más necesitados, de los pobres, que son en verdad los tesoros de la Iglesia. Continuaré anunciando el Evangelio con el entusiasmo de los misioneros, misioneras y laicos que abrieron camino de evangelio en estos Llanos de la patria. ¡Cómo no recordar con un profundo agradecimiento, en nuestra historia reciente a los Misioneros Monfortianos, a las Hermanas de la Sabiduría, a las Misioneras Lauritas, a las Hermanas de la Presentación, a los Misioneros Redentoristas! No puedo dejar de mencionar, de manera especial, a Monseñor Aurelio Rozo, quien trabajó tanto por la entonces prefectura del Vichada. A él deseo pronta recuperación. El Vichada le debe mucho.

Está entre nosotros, siempre tan cercano a esta misión, el primer obispo del Vicariato de Puerto Carreño, Monseñor Álvaro Efrén Rincón Rojas. Con su humildad, sencillez y bondad se ganó el cariño de los vichadenses. El Vicariato de Puerto Carreño está agradecido por su servicio pastoral. Monseñor Rincón las semillas de Evangelio que con tanto sacrificio y amor esparció en esta tierra llanera, ya empiezan a dar sus frutos. Otros han sembrado con lágrimas, a mí me toca, en cierta manera, recoger entre cantares. Y todo ello es un fuerte estímulo para seguir sembrando, gastando mi vida por ustedes. Monseñor Rincón, sigo contando con sus valiosas indicaciones y prudentes consejos.

Estimados hermanos y hermanas, comienzo esta nueva etapa de mi vida lleno de esperanza y entusiasmo. Quedan atrás otras etapas en la que Dios me ha hecho feliz, el seminario menor en Manizales, el noviciado en Piedecuesta, los estudios filosóficos y teológicos en Tlalpizahuac y Bogotá, el ministerio sacerdotal como misionero, mi época de formador, mi servicio como provincial.

Y más lejos en el tiempo, pero siempre cercanos en el afecto, la etapa de mi pueblo natal, Génova, Quindío, del que nunca me he sentido desarraigado, sino al que vuelvo con los mejores recuerdos de mi infancia y juventud, con el recuerdo de mis padres y mis abuelos, de mis hermanos y hermanas y demás familiares; con el recuerdo de tantos amigos ausentes, pero representados por el alcalde de Génova, Doctor Jhon Didier Grisales. Gracias por venir hasta Puerto Carreño, gracias por representar a mis paisanos.

Ustedes que me conocieron antes de ser ordenado Obispo, con seguridad se están preguntando: ¿ahora cómo lo llamamos? No entren en dificultad, la gente llama al Obispo de tantos modos: en Francia, y en los países de lengua francesa, lo llaman Monseñor; en Italia, en España, lo llaman casi siempre Excelencia; en Alemania, en Inglaterra más simplemente, Señor Obispo; pero el título más bello que califica la función y la misión del Obispo, es el de Padre: ¡Padre Obispo! Aunque no estamos acostumbrados, sería bello llamar a este hombre, así: Padre Obispo, pues no es un señor, ni una autoridad de la tierra, sino que es sólo y siempre el signo viviente del Padre: es verdaderamente padre de los fieles y de la comunidad”.

Gracias a todos, gracias a los padres de la catedral y laicos en general que han colaborado en la realización de esta fiesta. Gracias al Padre Leiner por su compañía y preparación de la ceremonia de posesión. Gracias a don Roberto Albornóz por poner a disposición La Voz de La vorágine para transmitir esta celebración.

Recen todos por este obispo para que sea un humilde obrero en la viña del Señor, porque si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles. Aquí estoy Señor para hacer tu voluntad. Aquí está la esclava del Señor.

 

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