Homilía Posesión Canónica

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HOMILÍA CON MOTIVO DE LA POSESIÓN CANÓNICA COMO VICARIO APOSTÓLICO DE PUERTO CARREÑO

CATEDRAL NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN DE PUERTO CARREÑO

22 DE AGOSTO DE 2010

SALUDOS Y AGRADECIMIENTOS

Saludo muy cordialmente a su Excelencia Mons. Aldo Cavalli. Por medio de Usted, Señor Nuncio, deseo manifestar mi comunión profunda, mi obediencia pronta y mi afecto sincero a Su Santidad Benedicto XVI; en Usted, Excelencia, le expreso mi agradecimiento por su ministerio humilde, respetuoso y amable, por su luminoso magisterio, por sus decisiones valientes para guiar la Iglesia y para servir a la humanidad en una hora llena de pruebas y de dolorosas dificultades. En esta adhesión a Cristo, a través del sucesor de Pedro, sé que aseguro sobre roca firme la fe de esta Iglesia particular que hoy se me confía.

Saludo a mis queridos hermanos en el episcopado. Agradezco la presencia de Monseñor Oscar Urbina, Arzobispo de Villavicencio, y de los demás señores obispos de la provincia eclesiástica que comparten conmigo, de modo más cercano, la fatiga y la esperanza de la misión que hoy inicio canónicamente. y de otras diócesis que hoy me acompañan. Con particular afecto saludo a Monseñor Álvaro Efrén Rincón Rojas, Obispo Emérito de este Vicariato, a mis hermanos de comunidad Monseñor Fabio de Jesús Morales y Arcadio Bernal Supelado, obispos eméritos de Sibundoy-Mocoa y Líbano-Honda, respectivamente.

Saludo con afectuoso respeto al Señor Gobernador del Vichada, doctor Juan Carlos Ávila Juanías, al Señor Alcalde de Puerto Carreño, Doctor Gregorio Hernández Colina, a los miembros de la Honorable Asamblea Departamental, a los distinguidos miembros del Concejo Municipal, a las demás autoridades civiles, militares y de policía…. Su cercanía en esta hora, que agradezco de corazón me hace sentir que no estoy solo en este ministerio que la Iglesia me ha encomendado.

Saludo con afecto entrañable al Padre Rafael Prada, Superior Provincial de los Redentoristas en Colombia, a su Consejo y demás sacerdotes redentoristas que hoy me acompañan. Un saludo especial para mis cohermanos redentoristas. Los Padres Néstor Fabio y Felipe de la Arquidiócesis de Manizales. al Padre Norberto, al diácono Ovidio, al seminarista Nelson, incardinados a esta Iglesia particular que trabajan conmigo anunciado el Evangelio y dispensando los tesoros de la gracia de Dios. A las religiosas y laicos. Saludo a cuantos forman esta familia, de manera especial los miembros del IMSA.

Aquí estoy Señor para hacer tu voluntad.

El pasado 30 de julio, a los pies de la imagen veneranda del Señor de los Milagros fui ordenado obispo por imposición de manos de Monseñor Aldo Cavalli. Por eso hoy puedo decirles que vengo a Ustedes y me quedo aquí como sucesor de los Apóstoles. Ahí está la importancia de este momento, porque mediante la sucesión apostólica es Cristo quien llega a nosotros: en la palabra de los apóstoles y de sus sucesores es Él quien nos habla, mediante sus manos, es él quien actúa en los sacramentos; en la mirada de ellos es su mirada la que nos envuelve y nos hace sentir amados, acogidos en el corazón de Dios.

Aquí estoy para cumplir la voluntad de Dios, como dice la divisa de mi escudo episcopal: Aquí estoy Señor para hacer tu voluntad. No he sido yo quien ha tomado la iniciativa, ha sido el Señor quien me ha llamado y conducido, desde el vientre de mi madre hasta este momento. Hace año y medio recorría todos los días las calles de Manhattan, Nueva York, para ir al instituto a estudiar inglés. Disfrutaba de esa gran ciudad, de sus museos, teatros, parques. Disfrutaba del estudio, de las amistades, de la comunidad redentorista que me acogió, de los hermanos hispanos de la parroquia. Como nunca he sido yo quien ha tomado la iniciativa, puse en oración, consulté a maestros del espíritu, y acepté la propuesta de venir a este rincón de la patria, donde primero nace el sol para los colombianos. Siendo provincial hice tres visitas a los cohermanos de esta misión, les confieso que nunca contemplé la posibilidad de venir a trabajar aquí. Todo me parecía triste, que alguna vez dije, preferiría ir al África que a Puerto Carreño. Nuca he pedido nada, nunca he rehusado nada, sino que ha sido el Señor quien me ha conducido, marcándome el tiempo y el lugar. Hoy debo confesar que siempre el Señor me ha acompañado en los servicios que he prestado y me ha hecho saborear las mieles de servir con desinterés. Por eso hoy digo, aquí estoy Señor para hacer tu voluntad.

Aquí estoy para decir otra vez mi sí al Señor, mi sí al misterio divino de salvación, mi sí a esta Iglesia de Puerto Carreño que camina a ritmo de evangelio. Quiero decir sí iluminado por la fe de Abrahám, si iluminado por el sí de María. Sí iluminado por el sí de Cristo.

No ignoro las dificultades y aun los sufrimientos que me esperan. Pero me confortan las palabras del apóstol Pablo: sé en quien me he confiado. Sé que en el Vicariato hay mucho por hacer en todos los órdenes. Me pongo a disposición, en primer lugar de la Iglesia, de Ustedes autoridades civiles, militares y de policía, sociedad civil, para trabajar juntos por el hombre que es el centro y la gloria de Dios. En la persona humana todos nos encontramos. Trabajemos juntos por los indígenas, por sus niños y niñas, por sus jóvenes, cuidemos el tesoro de los viejos que llevan impreso en sus memorias una tradición cultural que no podemos dejar perder. Trabajemos juntos por aquellos hombres y mujeres que han dejado sus tierras, su familia, sus tradiciones para venir a buscar en estos llanos inmensos posibilidades de progreso.

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