OBISPO EVALÚA VISITA PAPAL

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LO QUE NOS DEJÓ LA VISITA DEL PAPA FRANCISCO

HEMOS DADO EL PRIMER PASO

Desde el 10 de marzo de 2017, día en que el Vaticano anunció la visita del Santo Padre a Colombia, el pueblo colombiano se puso en pie, unos para aplaudir tal decisión y otros, para cuestionar su visita, aduciendo los altos costos que la presencia del Papa generaría. Hasta se sugirió invertir ese dinero en los pobres, en los sin techo, en los hambrientos, etc. La misma sugerencia que hace un poco más de 2000 años dio Judas Iscariote al ver que una mujer arrepentida, en agradecimiento, ungía los pies del Maestro con un fino perfume de nardo.

La visita se realizó del 6 al 10 de septiembre; y como estaba previsto, el Papa Francisco  visitó las ciudades de Bogotá, Villavicencio, Medellín y Cartagena. Miles y miles de personas salieron a las calles, muchos movidos por su fe y otros simplemente a curiosear. Desde el primer momento de su llegada el Papa conquistó el corazón de los colombianos.

Las Eucaristías, además de litúrgicamente bien preparadas, fueron multitudinarias, hasta llegar a superar las expectativas de los organizadores. A la gran mayoría de asistentes no les importó pasar la noche en vela o madrugar para hacerse a un buen lugar en los campos previstos para la celebración de las Eucaristías. No importaron los torrenciales aguaceros y la larga espera, la presencia del Papa mitigaba las incomodidades. Lo importante era participar en la eucaristía presidida por el Papa y poderlo ver de cerca.

En Bogotá fue significativo el encuentro con los jóvenes, que venidos de los cuatro puntos cardinales del territorio colombiano y en número suficiente, llenaron la plaza de Bolívar y esperaron de manera paciente y alegre entre cantos y oraciones, mientras el Jefe del Estado Vaticano se encontraba en el Palacio de Nariño con el Jefe del Estado Colombiano.

En la Plaza de Bolívar el Papa estuvo cerca a los jóvenes, un recorrido en el papa móvil lo fue llevando hasta la catedral primada en donde lo esperaba la Virgen María en la advocación de Nuestra Señora la Virgen del Rosario de Chiquinquirá, traída desde Boyacá para encontrarse con el Papa. Allí, delante de la imagen y en profundo silencio oró por Colombia. Luego desde la ventana central del Palacio cardenalicio, en la Plaza de Bolívar, se dirigió a los jóvenes con unas sencillas, profundas y conmovedoras palabras: Mantengan viva la alegría, no se la dejen robar; no se dejen robar la esperanza; no le tengan miedo al futuro atrévanse a soñar, vuelen alto. En el mismo palacio arzobispal el Papa pidió a los obispos a “abrirse más a la gente” a “buscar las ovejas y no esperar a que las ovejas vengan a su pastor”, y los invito a “una Iglesia de puertas abiertas”.

La visita a Villavicencio fue significativa. En el parque Las Malocas, después de escuchar los testimonios de víctimas y victimarios, dijo: “Queridos colombianos: no tengan temor a pedir y ofrecer perdón, no se resistan a la reconciliación para acercarse, reencontrarse como hermanos y superar las enemistades. Es hora de sanar heridas, de tender puentes, de limar diferencias”. A los religiosos y sacerdotes en Medellín los invitó a permanecer unidos a Jesús y a no dejarse tentar por el dios dinero, pues el diablo entra por el bolsillo; en Cartagena, en donde San Pedro Claver entregó su vida por los esclavos negros, el Papa insistió: “Colombia, tu hermano te necesita, ve a su encuentro llevando el abrazo de la paz, libre de toda violencia, esclavos de la paz, para siempre”. Y sus últimas palabras fueron: “No nos quedemos en dar el primer paso, sino que sigamos caminando  juntos cada día para ir al encuentro del otro, en busca de la armonía y de la fraternidad. No podemos quedarnos parados”.

El Papa no vino a hablarle a un grupo en especial, ni a ahondar la polarización que algunos descubren en el país. El Santo Padre vino a hablar a todos: a los jóvenes, a hombres y mujeres, a las víctimas y victimarios de la guerra, a los campesinos, a las negritudes, a los religiosos, sacerdotes, a los empobrecidos.

En síntesis, el Papa habló de cuatro pilares fundamentales: la verdad, la misericordia, la justicia y la paz. Con estos cuatro pilares el Papa Francisco quiere que todos demos el primer paso hacia la reconciliación. A todos nos dejó una gran tarea que debemos asumir con responsabilidad. No podemos echar en saco roto su mensaje e invitación.

La visita del Papa Francisco a Colombia dejó huellas históricas, no solamente en las cuatro ciudades que visito, sino en todos los colombianos que tuvimos la oportunidad de seguirlo paso a paso a través de los medios de comunicación. El Papa marcó el primer paso hacia una nueva sociedad ávida de paz y dispuesta a pasar la página de cinco largas décadas de confrontación armada interna.

Agradecemos a Dios el don de la visita  del Vicario de Cristo y Sucesor de Pedro, quien con su presencia y sus palabras nos ofreció bálsamo, alegría y esperanza, para el alma y el corazón del pueblo colombiano.

+Francisco Antonio Ceballos Escobar, C,Ss.R.

Obispo del Vicariato Apostólico de Puerto Carreño

 

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