VISITA A LAS COMUNIDADES INDIGENAS

Visita a las comunidades indígenas de Puerto Carreño, con el Señor obispo Mons. Francisco Ceballos y la doctora Silvia Galindo de la Fundación Ramírez Moreno y el señor diácono Silvio Montes.

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DOMINGO DE RAMOS

En este día celebramos la entrada triunfante de nuestro Señor a nuestro corazón.

Homilía Posesión Canónica

HOMILÍA CON MOTIVO DE LA POSESIÓN CANÓNICA COMO VICARIO APOSTÓLICO DE PUERTO CARREÑO

CATEDRAL NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN DE PUERTO CARREÑO

22 DE AGOSTO DE 2010

SALUDOS Y AGRADECIMIENTOS

Saludo muy cordialmente a su Excelencia Mons. Aldo Cavalli. Por medio de Usted, Señor Nuncio, deseo manifestar mi comunión profunda, mi obediencia pronta y mi afecto sincero a Su Santidad Benedicto XVI; en Usted, Excelencia, le expreso mi agradecimiento por su ministerio humilde, respetuoso y amable, por su luminoso magisterio, por sus decisiones valientes para guiar la Iglesia y para servir a la humanidad en una hora llena de pruebas y de dolorosas dificultades. En esta adhesión a Cristo, a través del sucesor de Pedro, sé que aseguro sobre roca firme la fe de esta Iglesia particular que hoy se me confía.

Saludo a mis queridos hermanos en el episcopado. Agradezco la presencia de Monseñor Oscar Urbina, Arzobispo de Villavicencio, y de los demás señores obispos de la provincia eclesiástica que comparten conmigo, de modo más cercano, la fatiga y la esperanza de la misión que hoy inicio canónicamente. y de otras diócesis que hoy me acompañan. Con particular afecto saludo a Monseñor Álvaro Efrén Rincón Rojas, Obispo Emérito de este Vicariato, a mis hermanos de comunidad Monseñor Fabio de Jesús Morales y Arcadio Bernal Supelado, obispos eméritos de Sibundoy-Mocoa y Líbano-Honda, respectivamente.

Saludo con afectuoso respeto al Señor Gobernador del Vichada, doctor Juan Carlos Ávila Juanías, al Señor Alcalde de Puerto Carreño, Doctor Gregorio Hernández Colina, a los miembros de la Honorable Asamblea Departamental, a los distinguidos miembros del Concejo Municipal, a las demás autoridades civiles, militares y de policía…. Su cercanía en esta hora, que agradezco de corazón me hace sentir que no estoy solo en este ministerio que la Iglesia me ha encomendado.

Saludo con afecto entrañable al Padre Rafael Prada, Superior Provincial de los Redentoristas en Colombia, a su Consejo y demás sacerdotes redentoristas que hoy me acompañan. Un saludo especial para mis cohermanos redentoristas. Los Padres Néstor Fabio y Felipe de la Arquidiócesis de Manizales. al Padre Norberto, al diácono Ovidio, al seminarista Nelson, incardinados a esta Iglesia particular que trabajan conmigo anunciado el Evangelio y dispensando los tesoros de la gracia de Dios. A las religiosas y laicos. Saludo a cuantos forman esta familia, de manera especial los miembros del IMSA.

Aquí estoy Señor para hacer tu voluntad.

El pasado 30 de julio, a los pies de la imagen veneranda del Señor de los Milagros fui ordenado obispo por imposición de manos de Monseñor Aldo Cavalli. Por eso hoy puedo decirles que vengo a Ustedes y me quedo aquí como sucesor de los Apóstoles. Ahí está la importancia de este momento, porque mediante la sucesión apostólica es Cristo quien llega a nosotros: en la palabra de los apóstoles y de sus sucesores es Él quien nos habla, mediante sus manos, es él quien actúa en los sacramentos; en la mirada de ellos es su mirada la que nos envuelve y nos hace sentir amados, acogidos en el corazón de Dios.

Aquí estoy para cumplir la voluntad de Dios, como dice la divisa de mi escudo episcopal: Aquí estoy Señor para hacer tu voluntad. No he sido yo quien ha tomado la iniciativa, ha sido el Señor quien me ha llamado y conducido, desde el vientre de mi madre hasta este momento. Hace año y medio recorría todos los días las calles de Manhattan, Nueva York, para ir al instituto a estudiar inglés. Disfrutaba de esa gran ciudad, de sus museos, teatros, parques. Disfrutaba del estudio, de las amistades, de la comunidad redentorista que me acogió, de los hermanos hispanos de la parroquia. Como nunca he sido yo quien ha tomado la iniciativa, puse en oración, consulté a maestros del espíritu, y acepté la propuesta de venir a este rincón de la patria, donde primero nace el sol para los colombianos. Siendo provincial hice tres visitas a los cohermanos de esta misión, les confieso que nunca contemplé la posibilidad de venir a trabajar aquí. Todo me parecía triste, que alguna vez dije, preferiría ir al África que a Puerto Carreño. Nuca he pedido nada, nunca he rehusado nada, sino que ha sido el Señor quien me ha conducido, marcándome el tiempo y el lugar. Hoy debo confesar que siempre el Señor me ha acompañado en los servicios que he prestado y me ha hecho saborear las mieles de servir con desinterés. Por eso hoy digo, aquí estoy Señor para hacer tu voluntad.

Aquí estoy para decir otra vez mi sí al Señor, mi sí al misterio divino de salvación, mi sí a esta Iglesia de Puerto Carreño que camina a ritmo de evangelio. Quiero decir sí iluminado por la fe de Abrahám, si iluminado por el sí de María. Sí iluminado por el sí de Cristo.

No ignoro las dificultades y aun los sufrimientos que me esperan. Pero me confortan las palabras del apóstol Pablo: sé en quien me he confiado. Sé que en el Vicariato hay mucho por hacer en todos los órdenes. Me pongo a disposición, en primer lugar de la Iglesia, de Ustedes autoridades civiles, militares y de policía, sociedad civil, para trabajar juntos por el hombre que es el centro y la gloria de Dios. En la persona humana todos nos encontramos. Trabajemos juntos por los indígenas, por sus niños y niñas, por sus jóvenes, cuidemos el tesoro de los viejos que llevan impreso en sus memorias una tradición cultural que no podemos dejar perder. Trabajemos juntos por aquellos hombres y mujeres que han dejado sus tierras, su familia, sus tradiciones para venir a buscar en estos llanos inmensos posibilidades de progreso.

Homilía Ordenación Rodolfo García

MISA ORDENACIÓN PRESBITERAL

RODOLFO GARCÍA

GUATEMALA, FEBRERO 26 DE 2011

Estimado Padre Viceprovincial, estimada familia Redentorista, estimado Rodolfo y familiares, gracias por invitarme a presidir la ordenación sacerdotal. Con gusto estoy aquí para manifestar mi amor a la Iglesia y a la Congregación del Santísimo Redentor, en la cual me formé como misionero. Este es un motivo de alegría para la Iglesia Universal, para los misioneros redentoristas y, con seguridad, para su querida familia.

El rito de la ordenación presbiteral es muy simple: imposición de las manos y oración consecratoria. Pero no por el hecho de ser simple, es poco profundo. Es que a lo largo de la historia de la salvación, y en nuestro tiempo, el poder de Dios se manifiesta en la simplicidad de los gestos y de las palabras, quizá para confundir a los sabios y a los poderosos de este mundo.

Lo que vamos a celebrar es un misterio que sólo un cristiano de corazón sencillo, que sabe a quién se ha confiado, es capaz de descubrir y vivir intensamente. Le aseguro, Rodolfo, que para vivir este misterio no son necesarios profundos tratados de filosofía y de teología, pero si es fundamental haber purificado el corazón y haberse apropiado de las verdaderas motivaciones por las cuales algún día Usted creyó sentir el llamado del Señor.

A ver, con seguridad Usted, a lo largo del proceso de formación, descubrió que la vocación al sacerdocio y a la vida misionera es un llamado gratuito de Dios. Con seguridad Usted también tuvo que luchar por superar falsas motivaciones que a muchos alienta a la hora de pensar llegar a ser misioneros, sacerdote, como: ganar dinero, tener poder o subir de estatus.

Se opta por ser misionero-religioso-sacerdote, no para desempeñar un oficio o profesión como la medicina, la abogacía, la contaduría, la docencia. El sacerdocio no es un oficio, es una vocación, es un sacramento. El sacerdote realiza lo que ningún ser humano no ordenado puede realizar: pronuncia en nombre de Cristo la absolución de los pecados cambiando, a partir de Dios, la vida de un ser humano. Pronuncia sobre las ofrendas del pan y del vino la acción de gracias que pronunció Cristo sentado a la mesa con sus discípulos; palabras que son palabras de transubstanciación, palabras que hacen presente a Cristo mismo, el resucitado.

Dios se sirve de un pobre hombre con el fin de estar presente entre los hombres y obrar a favor de ellos. Esta es una verdadera audacia de Dios que conociendo nuestra debilidad ha confiado en nosotros, y nos ha permitido hacerlo presente entre los hombres. Esta audacia de Dios es algo verdaderamente grande que se esconde en la palabra sacerdocio.

Dios a lo largo de la historia de la salvación se ha servido del ser humano, aún sabiendo de sus imperfecciones y debilidades para hacerlo instrumento de salvación. Se sirvió de Jeremías, a quien sedujo o conquistó casi a la fuerza para que fuera su profeta. Ante el llamado de Dios, Jeremías, en la quinta confesión que acabamos de escuchar vive sentimientos contradictorios en su corazón. Acusa a Dios: “Me sedujiste y me dejé seducir”. Pero ante Dios, él no pudo rendirse. ¡Aceptó ser profeta embaucado y forzado por Dios! No quería ser profeta, pero la palabra de Dios le ha venido a ser como un fuego ardiente encerrado en sus huesos, que no puede ahogarlo y le impide seguir hablando. Pero no todo en Jeremías es malestar y acusación franca a Dios; expresa también experiencias positivas: pero Dios está conmigo como defensor. Jeremías sabe que puede fiarse de él.

No obstante salta la pregunta: ¿Por qué Dios lo ha llamado a ser profeta en tiempos tan borrascosos? ¿Por qué precisamente él es destinado a ser persona molesta en la sociedad? ¿Por qué él es llamado a ir en contracorriente de todos, hombre de palabras y gestos de denuncia? Le fue imposible a Jeremías profeta evitar ser hombre debatido, perseguido a muerte y, por ello, vulnerable en su interior. Sus sufrimientos no lo destrozan, pese a correr el riesgo de ello. Los vivió en desgarradoras desazones interiores, pero también en sincero y franco diálogo con su Dios: fue lo que le salvó. Al cabo de los años, todo le sirvió para madurar como hombre y como profeta.

Usted, Rodolfo, como profeta, como sacerdote, como misionero, será mandado a anunciar y denunciar la soberanía de Dios a una sociedad que paulatinamente le va dando la espalda. Será mandado como profeta, en tiempos difíciles a ayudarle a esta sociedad a descubrir la razón de ser en Dios. Pero antes será examinado en el amor, como fue examinado Pedro, después de su triple traición. Hoy Usted como Pedro responderá machaconamente: Señor, tú lo sabes todo, tu sabes que te amo. Entonces, el obispo, después de haber escuchado el parecer de sus sus superiores, procederá a ordenarlo como presbítero-misionero en la Iglesia para la Congregación del Santísimo Redentor. Y tendrá por encargo apacentar las ovejas.

Pero la ordenación presbiteral es sólo un escaño. Ahora vienen momentos difíciles, momentos de anuncio, de estar con la mano en el arado, evitando siempre la tentación de mirar atrás. Para evitar caer en esta tentación, que a todos nos acosa, es necesario desarrollar y promover una profunda y madura espiritualidad de tal manera que sea capaz de acoger la gracia de Dios y de corresponderle viviendo generosamente el compromiso que como religioso asumió desde hace algunos años atrás: compromisos que hablan de libertad, de amor pleno y de riqueza absoluta. Compromiso que a los redentoristas nos exige perseverancia.

Pero este llamado y envío no significa que no debemos esforzarnos por responder todos los días a la grandeza de la vocación a la que hemos sido llamados. Es verdad que somos frágiles, que en nosotros reside una fuerza que me lleva a hacer el mal que no queremos, y dejar de hacer el bien que queremos. Pero para esto no podemos confiar en nuestras propias fuerzas, es necesario confiar en la gracia de Dios, es necesario ponernos en las manos de Dios. Con seguridad él nos va llevando de la mano y podremos cumplir con el encargo y el llamado. Estimado Rodolfo, la experiencia demuestra que la pérdida y abandono de estos compromisos ocurre frecuentemente por la falta de vida espiritual que lleva al debilitamiento de la fe hasta el punto de perder el verdadero sentido de la consagración y ordenación asumido inicialmente por amor al reino de Dios. Es verdad que la cultura odierna, los medios de comunicación, la cultura hedonista, pansexualista, la autosuficiencia. La falta de oración y de piedad. El rendirnos antes los ídolos que la sociedad moderna nos ofrece. La falta de ardor misionero. El relativismo. El funcionalismo, no favorece la vivencia de los consejos evangélicos. Ante estos signos de muerte de la vocación, debemos apropiarnos de los valores que la tradición de la Iglesia y las ciencias psicológicas nos ofrecen: Confianza absoluta en Dios. Amor y respeto al pueblo. Orar con y por el pueblo a través de la celebración diaria de la eucaristía, del rezo de la liturgia de las horas, del santo rosario. Huir de las ocasiones de pecado. Mantener una clara referencia a la comunidad religiosa. Saber buscar los momentos de descanso. Formación permanente. Compañía del animador Viceprovincial, del obispo diocesano, de los compañeros religiosos, de la familia y de otros agentes de pastoral. Toca a Ustedes pueblo de Dios orar permanentemente por las vocaciones y la fidelidad al ministerio de nosotros: obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y seminaristas. Es obligación de cada uno ofrecer sacrificios y oraciones al Buen Pastor para que nos guíe por caminos seguros y podamos sortear las múltiples dificultades, cansancios, pérdida de la motivación inicial que muchos de nosotros experimentados en la vivencia de nuestra vocación. Todos sabemos que sin una profunda vida espiritual ningún sacerdote será feliz en su vocación y misión. No encontrará sentido suficiente para seguir adelante con su propósito de servir al reino de Dios. Precisamente en estos momentos de tanta dificultad y de crisis, su ordenación es un testimonio de confianza y de esperanza. La iglesia está viva y sigue peregrinando por el mundo anunciando el mensaje que el Señor Jesús nos ha confiado, primero a nosotros obispos, sucesores de los Apóstoles, y luego a los sacerdotes colaboradores de los obispos. Recuerdo que estamos en un mundo que sistemáticamente quiere destruir la Iglesia con sus ataques, en evidenciar sus pecados, que no podemos esconder, y por tanto tendremos que evitar para mantener el rostro de la Iglesia inmaculado. Para esto es importante tener siempre la preocupación de dar testimonio con la palabra cuando las ocasiones lo permiten y de ejemplo. Recuerdo lo que nos decía Pablo VI: el mundo de hoy le cree más a los testigos que a los maestros, y se cree en los maestros es porque son testigos. Rodolfo, que el Señor le permita vivir en santidad el sacerdocio que hoy recibe. Que el Señor le permita ser verdadero testigo en esta Viceprovincia de San Salvador y en la Congregación entera. Y para que la grandeza de las revelaciones no me envanezca, tengo una espina clavada en mi carne, un ángel de Satanás que me hiere. Tres veces pedí al Señor que me librara, pero él me respondió: «Te basta mi gracia, porque mi poder triunfa en la debilidad». Más bien, me gloriaré de todo corazón en mi debilidad, para que resida en mí el poder de Cristo. Por eso, me complazco en mis debilidades, en los oprobios, en las privaciones, en las persecuciones y en las angustias soportadas por amor de Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte. JEREMÍAS 20,7-13 Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; me forzaste y me venciste. Yo era motivo de risa todo el día, todos se burlaban de mí. Si hablo, es a gritos, clamando ¡Violencia, destrucción!, la Palabra del Señor se me volvió insulto y burlas constantes, y me dije: No me acordaré de Él, no hablaré más en su Nombre. Pero la sentía adentro como un fuego ardiente encerrado en los huesos: Hacía esfuerzos por contenerla y no podía. Oía el cuchicheo de la gente: Cerco de Terror, ¡A denunciarlo, a denunciarlo!, mis amigos espiaban mi traspié: A ver si se deja seducir, lo venceremos y nos vengaremos de él. Pero el Señor está conmigo como valiente soldado, mis perseguidores tropezarán y no me vencerán; sentirán la confusión de su fracaso; un sonrojo eterno inolvidable. Señor todo poderoso, examinador justo que ves las entrañas y el corazón, que yo vea como tomas venganza de ellos, porque a ti encomendé mi causa. Canten al Señor, alaben al Señor, que libró al pobre del poder de los malvados. PALABRA DE DIOS. SALMO 88,21-22.25 Y 27 CANTARÉ ETERNAMENTE LAS MISERICORDIAS DEL SEÑOR Encontré a David mi siervo y yo lo he ungido con óleo sagrado, para que mi mano esté siempre con él y mi brazo lo haga valeroso. CANTARÉ ETERNAMENTE LAS MISERICORDIAS DEL SEÑOR Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán, por mi nombre crecerá su poder. Él me invocará: “Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvador”. CANTARÉ ETERNAMENTE LAS MISERICORDIAS DEL SEÑOR 2 CORINTÍOS 12,1-10 ¿Hay que seguir gloriándose? Aunque no esté bien, pasaré a las visiones y revelaciones del Señor. Conozco a un discípulo de Cristo que hace catorce años –no sé si con el cuerpo o fuera de él, ¡Dios lo sabe!– fue arrebatado al tercer cielo. Y sé que este hombre –no sé si con el cuerpo o fuera de él, ¡Dios lo sabe!– fue arrebatado al paraíso, y oyó palabras inefables que el hombre es incapaz de repetir. De ese hombre podría jactarme, pero en cuanto a mí, sólo me glorío de mis debilidades. Si quisiera gloriarme, no sería un necio, porque diría la verdad; pero me abstengo de hacerlo, para que nadie se forme de mí una idea superior a lo que ve o me oye decir. PALABRA DE DIOS. Evangelio de Juan 21, 1.10.13-17 Después Jesús se a apareció de nuevo a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Jesús les dice: Traigan algo de lo que acaban de pescar. Jesús se acercó, tomó pan y se lo repartió e hizo lo mismo con el pescado. Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos. Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: « Simón hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? » Le dice él: « Sí, Señor, tú sabes que te quiero. » Le dice Jesús: « Apacienta mis corderos. » Vuelve a decirle por segunda vez: « Simón hijo Juan, ¿me amas? » Le dice él: « Sí, Señor, tú sabes que te quiero. » Le dice Jesús: « Apacienta mis ovejas. » Le dice por tercera vez: « Simón hijo Juan, ¿me quieres? » Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: « ¿Me quieres? » y le dijo: « Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero. » Le dice Jesús: « Apacienta mis ovejas. PALABRA DEL SEÑOR.

Homilía 50 años de Bogotá

HOMILÍA EN LOS CINCUENTA AÑOS DE LA PROVINCIA DE BOGOTÁ PARROQUIA DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

1 DE AGOSTO DE 2010

Queridos hermanos y hermanas aquí presentes, estimados televidentes, de manera especial quienes están en los hospitales, en las cárceles, privados de la libertad, sean todos bienvenidos a participar en este banquete eucarístico.

Hoy, primero de agosto, los redentoristas del mundo estamos celebrando la fiesta de San Alfonso María de Ligorio, fundador de la Congregación del Santísimo Redentor. En el marco litúrgico de esta fiesta, los redentoristas de Colombia, celebramos también las bodas de oro de la creación de la Provincia de Bogotá y el jubileo de algunos padres y hermanos que están cumpliendo 25, 50 y 60 años de fidelidad a Dios y perseverancia en el instituto.

Permítanme agregar un motivo personal, pero con profundas implicaciones en la Iglesia, en la Congregación y en el Vicariato de Puerto Carreño: hace dos días, a los pies del Señor de los Milagros de Buga, por imposición de manos de Su Excelencia Monseñor Aldo Cavalli, Nuncio de Su Santidad Benedicto VXI, el Señor me agració con el ministerio del episcopado. Don que quisiera compartir en primer lugar, con cada uno de los hijos e hijas que peregrinan a ritmo de Evangelio en el Vicariato Apostólico de Puerto Carreño; con todos los misioneros redentoristas de Colombia y el mundo, con los padres y hermanos jubilares, con los fieles de la parroquia San Alfonso y devotos del Señor de los Milagros, con ustedes televidentes. Al ser constituido sucesor de los Apóstoles, a Dios le pido la gracia de ser un Buen Pastor, a ejemplo de su Hijo; a San Alfonso le imploro que acreciente en mí la sensibilidad pastoral que él tuvo, para saber leer y responder a los signos de los tiempos desde el Evangelio. A todos ustedes, les ruego, me obsequien la oración permanente para que el Señor me sostenga en fidelidad en el ministerio que me ha confiado.

En la fiesta de Nuestro Fundador, muchas cosas se pueden decir de él, máxime cuando quien habla es uno de sus hijos. Pero, hoy prefiero recordar las palabras del entonces Papa Juan Pablo II, al dirigirse al Padre Juan Manuel Lasso de la Vega, con motivo del II centenario de la muerte del santo.

Escribió el Papa: “San Alfonso fue el gran amigo del pueblo, del pueblo bajo, del pueblo de los barrios pobres de la capital del reino de Nápoles, el pueblo de los humildes, de los artesanos y, sobre todo, la gente del campo”. Este sentido del pueblo caracteriza toda la vida del Santo, como misionero, como fundador, como obispo, como escritor. En función del pueblo repensará la predicación, la catequesis, la enseñanza de la moral y de la misma vida espiritual.

Como misionero anduvo a la búsqueda de las “almas más abandonadas del campo y de las aldeas rurales”, dirigiéndose al pueblo con los medios pastorales más idóneos y eficaces. Renovó la predicación en el método y en el contenido, ligándola a un arte de oratoria sencilla y directa. Hablaba de esta forma, para que todos pudieran comprender.

Como fundador quiso un grupo que, como él, hiciese la opción radical por los más abandonados y se instalase permanentemente cercano a ellos. Como obispo, su casa estaba abierta a todos, pero los visitantes más deseados eran los humildes y sencillos. Para su pueblo promovió iniciativas sociales y económicas.

Como escritor miraba siempre y sólo a lo que resultaba útil para la gente. Escribía, en 1972, el entonces patriarca de Venecia, cardenal Albino Luciani: “Alfonso es teólogo en función de problemas prácticos que resolver enseguida, como consecuencia de experiencias vividas. ¿Ve que en los corazones hay que reavivar la caridad? Escribe obras de ascética. ¿Hay que reforzar la fe y la esperanza del pueblo? escribe obras de teología dogmática y moral”.

La popularidad del Santo debe su fascinación a la disponibilidad, a la claridad, a la sencillez, al optimismo, a la afabilidad que llega a ser ternura. En la raíz de este su sentido del pueblo está el ansia de la salvación. Salvarse y salvar. Una salvación que va hasta la perfección, la santidad.

El sistema de referencias de su acción pastoral no excluye a nadie: escribe a todos, escribe para todos. Impulsa a los Pastores del Pueblo de Dios: en particular, obispos, sacerdotes, religiosos, al don de sí mismos en bien del pueblo a ellos confiado de una u otra manera.

Queridos cohermanos redentoristas, al celebrar las fiestas jubilares y los cincuenta años de la creación de la Provincia de Bogotá, en el marco del nacimiento para el cielo de nuestro santo fundador, los invito a contemplar la vida y obra de nuestro padre y legislador, porque “si como Santo, obispo y doctor, San Alfonso pertenece a toda la Iglesia, como fundador representa el punto de obligada referencia para la congregación”.

El Santo Padre Juan Pablo II subraya tres aspectos de su lección de vida:

La cercanía al pueblo: La preferencia será para los más humildes y sencillos, que generalmente son también los más pobres. Por ello, la congregación tanto ahora, como en los años futuros, debe empeñarse generosamente en proseguir la actuación de esta prioridad pastoral a todos los niveles.

Las misiones populares: Son una forma consolidada de la actividad pastoral de la congregación. Ellas han sido siempre una expresión de nuestra cercanía al pueblo. Las misiones, en las que San Alfonso dejó una impronta indeleble, deben lograr, a través de los redentoristas, un nuevo vigor para el bien de la Iglesia. Afirma Juan Pablo II: “En la predicación misionera, como en cualquier otra forma de la actividad apostólica, tened muy presente esos contenidos que han constituido siempre la peculiaridad de los hijos de San Alfonso: los cuatro novísimos, que se han de anunciar con la sensibilidad pastoral de hoy; el amor misericordioso de Dios Padre, Dives in misericordia; la plena Redención, realizada en Cristo, Redemptor hominis; la intercesión materna de María, Redemptoris Mater, abogada y medianera; la necesidad de la oración para alcanzar el paraíso y evitar el infierno”.

El estudio y la enseñanza de la doctrina moral: nadie ignora la gran importancia que tiene en nuestro tiempo la teología moral. La cultura contemporánea ha perdido en gran parte el vínculo esencial que debe existir entre Verdad-Bien-libertad y, por tanto, volver a conducir al hombre a redescubrirlo es hoy una de las exigencias propias de la misión de la Iglesia por la salvación del mundo.

Termina el Papa Juan Pablo II: “Quisiera recordar cuáles serían los deseos de tan gran Padre respecto a su herencia que es la congregación por él fundada”. Son los deseos que San Alfonso, expresó en su vida, en su acción pastoral y en sus escritos: la fidelidad a Cristo y a su Evangelio, la fidelidad a la Iglesia y a su misión en el mundo, la fidelidad al hombre y a nuestro tiempo, la fidelidad al carisma de vuestro instituto.

Sed siempre en vuestra vida y en vuestra actividad, sin ceder jamás, los continuadores de la obra del Redentor, del que lleváis el título y el nombre, según el fin de vuestro instituto marcado por el Santo: “Seguir el ejemplo de Jesucristo, predicando la Palabra de Dios a los pobres, como Él dijo de sí mismo: He sido enviado a evangelizar a los pobres”.

Que San Alfonso, a todos nos conceda la gracia de la perseverancia y la Pasión por seguir anunciando el Evangelio a los más pobres y abandonados según los signos de los tiempos que nos ha tocado vivir.

Que la Santísimo Virgen María en las advocaciones de la Inmaculada Concepción, patrona del Instituto, y Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, patrona de las misiones, nos acompañen en el seguimiento de Cristo.