ENTREVISTA A MONSEÑOR FRANCISCO CEBALLOS SOBRE LA CRISIS DE LA SALUD EN EL VICHADA

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Roberto Albornoz, a raíz de la crisis en que se encuentra la salud en el Departamento del Vichada, y más concretamente la ciudad de Puerto Carreño, ha entrevistado a Monseñor Francisco Antonio Ceballos Escobar, Obispo del Vicariato Apostólico de Puerto Carreño, recientemente nombrado por el Papa Benedicto XVI para dirigir los destinos espirituales de este Vicariato.

Albornoz: Monseñor Francisco Antonio, la ciudadanía de Puerto Carreño reconoce en Usted, además de un líder religioso, un líder cívico que puede aportar mucho al desarrollo del Departamento. En el aspecto pastoral ¿cuál es su programa?

Monseñor Ceballos: yo no traigo un programa especial ideado por mí. Pienso que el programa ya está trazado por Cristo y por el Magisterio de la Iglesia. Fundamentalmente es el anuncio del Evangelio a todos los hombres y mujeres de buena voluntad de esta jurisdicción eclesiástica.

Albornoz: Monseñor, después de dos meses de haber sido ordenado como Obispo para regir los destinos espirituales del Vichada, ¿cómo se ha sentido?

Monseñor Ceballos: Permítame recordar que el próximo 16 de noviembre cumpliré dos años de haber llegado a Puerto Carreño. Vine aquí porque el Santo Padre Benedicto XVI me llamó para ocupar temporalmente la sede vacante que dejó Monseñor Álvaro Efrén Rincón al cumplir 75 años de edad, según las disposiciones de la Iglesia. Llegué al Vichada con la alegría y el deseo de trabajar en esta porción de Iglesia hasta que el Papa nombrara al nuevo Obispo. Después de un año y medio el Santo Padre tuvo a bien designarme como Obispo titular de Zarna y Vicario Apostólico de Puerto Carreño; nombramiento que acepté con la convicción de estar cumpliendo la voluntad de Dios. En estos dos años de ministerio en Puerto Carreño, he encontrado, además de las altas temperaturas, mucho calor humano, me he sentido acogido por todos los feligreses y por un grupo de laicos que quieren trabajar con la Iglesia. Esto me ha comprometido a dar lo mejor de mí para que el Reino de Dios se haga presente en esta región fronteriza de la patria y abandonada del poder central.

Albornoz: Excelencia, ¿qué valores y antivalores descubre en la realidad del Vichada?

Monseñor Ceballos: Confieso que todavía no conozco en profundidad la idiosincrasia de la población, ni tampoco los problemas estructuras o endémicos. Percibo muchos valores y posibilidades, como también algunas sombras y dificultades, que a la postre se pueden convertir en oportunidades. Me parece que es un valor la diversidad de procedencia de sus habitantes, como la presencia de algunas familias étnicas propias de la región. En esta sociedad pluralista todos deberían aportar desde su cultura de origen; lo acabamos de experimentar en la feria de las colonias, una linda muestra de lo que son las regiones de Colombia. Una sociedad conformada así, es una oportunidad para ejercitarnos en el valor de la tolerancia, el respeto del pensamiento y la opinión del otro. Pienso que a todos nos toca construir una sociedad incluyente, es decir, una sociedad en donde todos quepamos y donde, tanto los indígenas como los colonos, tengamos las mismas posibilidades.

Como aspectos negativos, encuentro una ciudad donde hay mucha pobreza, desempleo o empleo informal. La única fuente de empleo lo brinda el Departamento y el municipio. Encuentro a muchas familias que pasan por grandes necesidades. Hay mucha desintegración familiar. Faltan oportunidades para los jóvenes. Me parece como un hecho problemático de que algunas comunidades indígenas se han urbanizado, realidad que los va llevando paulatinamente a perder sus tradiciones culturales, hasta correr el riesgo de desaparecer como etnia. Percibo una sociedad dividida por la política partidista. ¡Cuánto mal le hace a una región la politiquería! ¡Cuánto bien pueden hacer los políticos que trabajan desinteresadamente por la región!

Albornoz: Monseñor, ¿la Iglesia qué puede hacer ante estos hechos que Usted presenta como problemáticos?

Monseñor Ceballos: La Iglesia en su Doctrina Social invita a los dirigentes políticos cristianos a entender la política como la búsqueda del bien común. A los ciudadanos del común los invita a votar en conciencia, no por un partido, no por un candidato, sino por un programa. Además, la Iglesia está llamada a denunciar con vehemencia la práctica de la compra y venta de votos como una práctica corrupta. Aprovecho la ocasión para invitar a los dirigentes políticos a trabajar por la consecución del bien para todos. A las nuevas generaciones los exhorto a concebir el poder o el ejercicio político como la búsqueda del bien común. Esta es una región muy rica y con muchas posibilidades. Una riqueza bien administrada puede dar lo necesario para que todos nos aprovechemos de ella. Además veo como hecho negativo la falta de una política de la tierra. Las tierras las están comprando los inversionistas ricos del país. Si la situación sigue así, los habitantes del Vichada llegarán a sentirse extraños en su propia tierra.

Albornoz: señor Obispo, Usted es conocedor de las dificultades en el campo de la salud por la cual está pasando el Vichada y de manera concreta la ciudad de Puerto Carreño, ¿cuál es su concepto acerca de esta problemática?

Monseñor Ceballos: Cuando se posesionó el Doctor Juan Carlos como gobernador del Vichada, recuerdo que en su discurso hizo una afirmación que me dejó profundamente preocupado. El señor Gobernador dijo: “la salud en el Vichada y en Puerto Carreño está en la Unidad de Cuidados Intensivos”. Para quien entiende que el derecho a la salud está amparado por la constitución y por los mismos derechos humanos, esta afirmación no deja de preocupar. Hoy, cuando los ciudadanos se lamentan por la falta de buena atención en el hospital, cuando a los empleados del hospital y de la UBA se les deben salarios, cuando faltan ciertos profesionales o especialistas clave de la salud, mi preocupación se convierte en angustia. Y no nos queda más remedio que decir: La salud sigue en cuidados intensivos, y puede llegar a morir. Moriría si no aparecen en escena algunos dolientes. Moriría si se baja al hospital a nivel I, como equivocadamente sugirió un funcionario de la salud. Moriría si las entidades morosas en los pagos no se ponen al día. Me pregunto: ¿Cómo es posible que haya una cartera por cobrar de 1.999.638.889 pesos? Si se logra recuperar este dinero, pienso que no se solucionarán todos los problemas, pero si se podrá pagar al personal que labora en el hospital.

Albornoz: Excelencia, pero cómo cree Usted que se puede sacar la salud de la Unidad de Cuidados Intensivos? Creo que una manera de pasar la salud a la sala de observación es contando con el concurso de todos los habitantes del Departamento y de la ciudad. Se necesita mayor apoyo del gobierno central, se necesita más injerencia del gobierno departamental y municipal. Se necesita que los parlamentarios nombrados por el pueblo soberano para representar esta región en el Congreso, trabajen al unísono por los intereses de la región. Se necesita el concurso de los miembros de la Honorable Asamblea Departamental, de los Concejales del municipio. Ellos son nuestros voceros, ellos son nuestros representantes. Pero es importante también el apoyo de quienes tienen la posibilidad de contratar en el área de la salud. Contratar directamente con el hospital es un buen camino para ayudarle a salir de la postración, aunque no queden muchos dividendos.

Albornoz: Señor Obispo, ¿cómo puede colaborar la Iglesia Católica, o Usted como su representante, en la búsqueda de solución al problema de la salud del Departamento?

Monseñor Ceballos: El Concilio Vaticano II nos invita insistió a la justa autonomía de los diferentes entes que conforman la sociedad. Es decir, nosotros como Iglesia no podemos sustituir al Estado o a los dirigentes del departamento o del municipio. Nuestra labor es pastoral. Pero es importante afirmar que la palabra pastoral no puede significar que nuestra acción se circunscribe de las puertas de la Iglesia hacia adentro, como muchos afirman equívocamente. Nuestra labor pastoral la ejercemos con los feligreses de nuestra Iglesia, y ellos a la vez son ciudadanos. Por tanto, lo primero es formar la conciencia de cada uno de ellos. En segundo lugar, invitando a nuestros fieles y ciudadanos en general a participar activamente en las acciones ciudadanas convirtiéndose en veedores de la cosa pública. Por tanto, nuestra labor es de acompañamiento y de formación de la conciencia moral. Acompañamiento a los políticos y dirigentes cristianos, acompañamiento a aquellos hombres y mujeres de buena voluntad que quieren sacar el Departamento adelante.

Albornoz: En este orden de ideas, Usted Señor Obispo, ¿estaría dispuesto a acompañar a nuestra dirigencia para reclamar ante el poder central ayudas que puedan solucionar nuestros problemas?

Monseñor Ceballos: Claro que sí. Como quienes están sufriendo los problemas de salud son nuestros feligreses, y aunque no lo fueran, pienso que como Obispo debo estar en disposición de poner lo mejor de mí al servicio de la sociedad. El ser humano para nosotros es el centro. Y donde un hombre está sufriendo o se le vulneran los derechos fundamentales, ahí debe estar la Iglesia presente en sus ministros. San Ireneo dijo que “el ser humano es la gloria de Dios”. El ser humano es el sacramento de la presencia de Dios en medio de nosotros. Entonces por este principio estaría dispuesto a colaborar, si así me lo pidieran.

Albornoz: Monseñor, en varias ocasiones le he escuchado decir que en el Vichada todo está por hacer. Pero necesitamos que alguien nos indique qué es lo que debemos hacer para sacar el Departamento adelante. Según su opinión, ¿quién nos podría ayudar?

Monseñor Ceballos: Cuando digo que en el Vichada está todo por hacer, me refiere a que son muchas las oportunidades para transformar nuestra realidad. No desconozco que en el Vichada se ha hecho mucho. El pueblo ha ido avanzando. De una u otra manera los dirigentes han puesto su granito de arena. Pero es verdad que hay mucho por hacer en todos los órdenes, aún en el ámbito espiritual. En cuanto a la ayuda, pienso que primero hay que hacer un inventario de los medios humanos y técnicos con que contamos a nivel local y departamental. Entre los diversos grupos que habitan el Departamento: dirigentes, representantes, comerciantes, estudiantes, docentes, profesionales en general, indígenas, las Iglesias, etc., hay hombres y mujeres de mucha valía y de mucha experiencia. Sólo después de damos cuenta de lo que tenemos, podemos echar una mirada hacia afuera para buscar ayudas externas.

Albornoz: señor Obispo, ¿pero cuál es el primer paso que debemos dar?

Monseñor Ceballos: Pienso que en primer lugar es importante sentarnos como sociedad civil a repensar el departamento que queremos. Es decir, conociendo lo que tenemos nos proyectamos al futuro. Saber cuáles son nuestras Debilidades, Oportunidades, Fortalezas y Amenazas. Porque quien no se proyecta y no planea lo que quiere alcanzar, no avanza. Una buena pregunta que nos podemos hacer para empezar es la siguiente: ¿Qué tipo de ciudad, de sociedad queremos para el 2030? De ahí dependen los objetivos y las acciones a realizar. Pero si vamos respondiendo al día a día no avanzamos, retrocedemos. Por lo tanto es la dirigencia, en primer lugar, la que nos debe llamar a sentarnos a la mesa para contemplar y discutir la sociedad que queremos en el futuro.

Albornoz: señor Obispo, le agradecemos sus reflexiones, su disponibilidad para trabajar mano a mano con nuestros dirigentes y la sociedad civil. Estamos seguros de que su ayuda será importante en orden a sacar a nuestro departamento y municipio de la postración en la que nos encontramos.