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problem-indigenasProblemática Indígena

Hablar de una problemática indígena en el Vichada es obviar las diferencias étnicas y pasar por alto las variadas condiciones socioeconómicas que viven los diversos pueblos que habitan su territorio. Se hace preciso por tanto hacer una reflexión sobre estas características específicas de los diferentes grupos.

La población indígena del Vichada representa entre el 60 y el 70% del total de habitantes del departamento. Si bien el grupo mayoritario lo conforman los Sikuanis (o Guahibos), hacen presencia también las étnias Curripaco, Amurúa, Piaroa, Piapoco, Puinave, Sáliva y Cuibas. La mayor parte de la población indígena habita el Vichada Medio en las riberas del río Vichada. Los grupos han logrado un reconocimiento de sus territorios ante el Estado y hoy cuentan con Resguardos legalmente constituidos, que ocupan una muy importante zona del municipio.

Los Cuibas y los Amorúas fueron tradicionalmente pueblos nómades, pero la acción colonizadora los fue desplazando de sus territorios en la periferia del río Meta por ser los terrenos más productivos. Entre los pueblos indígenas del Vichada estos fueron de los más azotados durante las lamentablemente famosas “guahibiadas” siendo tristemente recordadas las de los años sesentas, genocidios salvajes justificados en la ignorancia y la crueldad. Desarraigados, se vieron luego sometidos a las prácticas aculturizadoras de la economía, en un proceso que los antropólogos y estudiosos han dado en llamar un “etnocidio”.

Varias familias de los mencionados grupos se vieron obligadas a abandonar sus resguardos por la baja oferta de recursos ambientales, pues sus prácticas de cacería y agricultura no son sostenibles en las tierras de sabana abierta, donde no hay bosques y donde la tierra no es apta para los cultivos. Invitados por promesas de políticos, se desplazaron al casco urbano donde cambiaron sus hábitos y costumbres, afectándose seriamente su calidad de vida. En 1991, por iniciativa de la Gobernación, se hizo un estudio que busca determinar las estrategias para que recobraran su territorio y su arraigo. Se logró reubicar a 10 familias apoyando las condiciones de su restablecimiento. Se les hizo además escuela y se validó socialmente el payé y el capitán. El proceso fue exitoso por un lapso de unos 5 años, pero luego regresaron al casco urbano entre otras razones, por falta de seguimiento y por la debilidad de sus procesos productivos.

Este caso demuestra no solo la poca continuidad de los procesos y el poco compromiso institucional, sino la necesidad existente de un actor comprometido con la causa indígena que pueda generar real interlocución con sus necesidades y demandas. Mientras tanto, esta población vive en condiciones de indigencia en el casco urbano.

Otro tema crucial que está afectando a la población indígena, en particular a las comunidades del municipio de Cumaribo, en las riberas de los ríos Tomo y Vichada y en la zona de Matavén, es el de los cultivos de coca. Su entrada abrupta a las condiciones comerciales que maneja este sistema productivo ha causado impactos grandes sobre la unidad familiar indígena. Es de anotar que el indígena ha tenido especial cuidado de no cultivar coca en su territorio (resguardo). La producción de la alimentación propia en las chagras se ha desmejorado, en la medida en que la mano de obra familiar se desplaza al cultivo y recolección de la coca. El dinero recibido no es utilizado para remplazar los productos básicos, sino para la compra de licores y bienes a los que antes no podían acceder como lujos, electrodomésticos, ropa de marca, motos, prostitución.

Se ha generalizado el sistema del “endeude” basado en aquel utilizado en tiempos de las caucherías para generar obligaciones económicas sobre el trabajador. El endeude puede generarse con el “fiado” de mercancías o licor al trabajador, quien debe pagar en trabajo sus deudas. Con frecuencia se cobran intereses y valores inflados con el fin de asegurar la mano de obra barata. Además, el producto vendido genera al negociante de coca un ingreso adicional. Es muy frecuente que el indígena regrese a su comunidad luego de un tiempo prolongado de trabajo en el cultivo sin un centavo. La coca genera violencia que cobra muchas vidas.

Otras problemáticas observadas en las comunidades indígenas del Vichada en general tienen que ver con la desnutrición, el deterioro del medio ambiente, el reclutamiento de jóvenes indígenas a las filas de la guerrilla, la pérdida de sus lenguas y costumbres, y la anomia.

La desnutrición en la población indígena, especialmente la infantil, está ligada al cambio de costumbres alimenticias y a la transformación en su producción (en algunas zonas relacionada con el cultivo de la coca), a prácticas inadecuadas de higiene, a condiciones de saneamiento básico insuficientes, etc. La atención de la desnutrición no ha podido realmente ser enfrentada por las autoridades de salud, debido a la dispersión de la población, a los reducidos recursos institucionales y por falta de voluntad política real.

El deterioro del suelo tiene que ver con el significado ambiental que tiene sobre el delicado equilibrio de la tierra de la sabana, la concentración de la población indígena (el modelo tradicional en estas tierras era nómada). Los resguardos designados, si bien son generalmente muy extensos, son vulnerables a las prácticas intensivas de caza y de cultivos agrícolas. En la zona de Matavén, el más importante reducto de bosque primario, se viene haciendo una presión muy alta en los últimos años, por efecto del cultivo de la coca. Se dice que por cada hectárea de coca se tumban tres.

La presencia guerrillera en los resguardos ha generado una seria presión sobre los jóvenes indígenas que son invitados a unirse a los grupos armados. Se considera en este estudio, que el efecto de esta práctica es devastador sobre la cultura indígena, pues rompe las tradiciones culturales, introduce cambios drásticos a las comunidades y transforma los patrones educativos de los jóvenes. Esta problemática no ha sido manejada por ningún actor social ni político, presumiblemente por temor a la reacción que generaría en la guerrilla.

La afectación de la cultura indígena por contacto con la cultura occidental es un hecho innegable. Sin embargo, parece ser un proceso sin marcha atrás, que más que impedido, debe ser concientizado críticamente y en lo posible controlado, en el sentido de mitigar los efectos negativos y favorecer los cambios positivos. Hechos históricos como las caucherías, los desplazamientos de indígenas al paso de la colonización, las “guahibiadas”, la presencia guerrillera, los cultivos ilícitos; generaron diferentes tipos de alteraciones en los procesos sociales. En el tema religioso, las misiones católicas y los movimientos evangélicos generaron cambios en las culturas. Además, elementos socioeconómicos y sociopolíticos como el sistema productivo capitalista, los procesos políticos locales, la normatividad del Estado colombiano, la oferta de servicios sociales y públicos, también vienen generando efectos disolutivos en las prácticas, costumbres y tradiciones indígenas.

La discusión dista mucho de llegar a una conclusión, pero hay ya espacios importantes abiertos para que las comunidades indígenas puedan sentar su posición ante los límites y grados que ha de tener la confluencia intercultural con sus propios valores y sentires. En la actualidad, con la construcción de los Planes de Vida de las comunidades, están iniciando procesos internos de reconformación de sus culturas. Ahora bien, el retorno a los sistemas ancestrales originales antes del contacto con la cultura no – indígena parece imposible en la actualidad. Los procesos son irreversibles y el nomadismo ya no parece posible como forma socio-económica de reproducción. Se requieren entonces procesos que “amortigüen” los choques ya producidos y que permitan a las culturas indígenas generar reacciones y control sobre su entorno socioeconómico y sociopolítico.

Se destacan las experiencias que se vienen dando en el tema de la etnoeducación en el Vichada, luego de una importante experiencia de los Centros Experimentales Piloto hacia finales de los ochentas y comienzos de los noventas. La Prefectura Apostólica entonces implantó la enseñanza bilingüe y avanzó en los procesos de estudios en lingüística para la consolidación de los idiomas indígenas. Hoy se tiene un alfabeto y varios materiales educativos Sikuanis. La recuperación de la lengua es un primer paso a la consolidación de su cultura.

En concepto del Secretario de Asuntos Indígenas el profesor indígena aún no está suficientemente cualificado. El modelo de profesionalización del Ministerio de Educación es aún un proceso esporádico y tentativo, que no garantiza la calidad de la capacitación del docente. Además, la comunidad aún está distante de apropiarse de la problemática de la calidad de la educación impartida.

Las manifestaciones más preocupantes del deterioro de las culturas indígenas se expresan en el alcoholismo, la mendicidad, la desintegración del tejido social de muchos grupos, la pérdida de identidad de muchos jóvenes indígenas que reniegan de sus costumbres, la corrupción por manejos indebidos de algunos líderes de recursos económicos pertenecientes a las comunidades y el poco liderazgo.

El proceso de consolidación indígena tiene ya importantes logros como el contar con una clara definición territorial y el existir un desarrollo del Consejo Regional Indígena del Vichada que asocia los Cabildos y Gobernadores de Resguardos. Se ha abierto un espacio de reflexión para la defensa de sus intereses propios territoriales y culturales. Hoy en día se ha entrado a la discusión sobre otros problemas, tales como la producción, para asegurar la seguridad alimentaria; la necesidad de acoger procesos sostenibles y amigables al ambiente, la capacitación y el apoyo técnico a la producción. Los líderes indígenas sin embargo, no han sido inmunes a los procesos de politización y corrupción y esto viene deteriorando su legitimidad y capacidad de liderazgo.

En esta dinámica indígena aún hay mucho trabajo por hacer en función de estos grupos sociales vulnerables.