RESEÑA HISTORICA SOBRE LA MISION DE LA IGLESIA CATOLICA EN LOS LLANOS ORIENTALES

LOS JESUITAS: PIONEROS

1626 – 1767

Según el historiador Gonzalo Fernández de Oviedo en su “Historia General y Natural de Indias” el primer español que llegó a los Llanos Orientales fue Alonso de Herrera en1535, quien navegó el río Meta, desde su desembocadura en el Orinoco, cien kilómetros río arriba.

La expedición del Capitán Hutten salió de Venezuela (1541) y llegó hasta las riberas del Guaviare en 1546.

Todos los Conquistadores recorrían fascinados los ríos y los montes de América buscando las riquezas del Dorado. Pero tratando terriblemente a los indígenas como “animales sin alma”. Los Misioneros, en cambio, surcaban esos mismos ríos y campos en búsqueda de los hermanos indígenas, para “servir” y vivir a su lado compartiendo penas y esperanzas de liberación. Como personas dignas de todo respeto eran orientados con amor hacia la fe cristiana y la organización social de sus tribus. De ahí la fundación de tantos pueblos y resguardos en sus correrías misioneras. Tal vez en su mente pastoral estaba el antiguo concepto de “implantación de la Iglesia” y “salvación de sus almas” por ser “bárbaros”, pero en realidad su obra misionera miraba al hombre como hijo de Dios, necesitado de la evangelización, la promoción humana familiar y comunitaria. Los indígenas, en efecto, eran los hermanos “más pequeños” en Cristo tan desconocidos y dispersos por la selva y las sabanas orientales.

Las Misiones de la Iglesia Católica en los Llanos Orientales, especialmente la misión jesuítica, son una irrefutable demostración de evangelización integral de los pueblos a pesar de las características extremas de clima, de comunicación, falta de recursos materiales y humanos.

Los Jesuitas con la metodología de entonces, “las Doctrinas”, se establecieron en las extensas regiones de los Llanos Orientales en 1625. Su territorio misional cubría parte de Venezuela, Casanare, Arauca, Vichada y Meta hasta Apiay.

Monseñor Hernando Arias de Ugarte, Arzobispo de Santafé de Bogotá, hombre virtuoso, santo, consejero de Papas y Reyes españoles, en el año 1619 emprendió la visita pastoral por los Llanos Orientales de Casanare y Maracaibo (Venezuela). Durante 5 años enfrentó los crudos inviernos y los sofocantes veranos, los peligrosos ríos y caños, las incomodidades de las chozas y de los mosquitos del campo. Bautizó personalmente a los indígenas después de una elemental catequesis, urgió el cumplimiento de las Cédulas reales a favor de los indígenas y se ganó el aprecio y el cariño de todos. Al regresar a Bogotá en 1624 dirigió su propuesta misionera a los Padres de la Compañía de Jesús para llevar a cabo una fundación en el Casanare con la aprobación del Virrey Juan de Borja.

En 1625 los Jesuitas entraron al Casanare con su gran espíritu misionero para trabajar por la Gloria de Dios y la Evangelización de los Pueblos.

Los Jesuitas, Pioneros de evangelización y de civilización personal y social, enfrentaron la tarea extraordinaria de un desarrollo material, social, humano y cristiano durante 141 años.

Descubrieron el canal natural Casiquiare entre el Orinoco y el Amazonas.

En 1646 los Padres Jesuitas Andrés Ignacio y Alonso Fernández y el francés Denis Mesland organizaron una misión en Guayana. En 1664 Denis Mesland y otro famoso Jesuita francés: Pierre Pelleprat, planearon unir las misiones de Amazonas con las de Guayana y los Llanos del Orinoco. El plan fue conocido por el Provincial Jesuita de Santafé quien escribió a Ignacio y Fernández: “Procure vuestra reverencia con toda diligencia saber si en este río Orinoco entra algún brazo de la vanda del río del Pará que sería de grande importancia saber si puede haver comunicación de una vanda a la otra sin salir al mar” (Sic) (Pedro de Mercado en “del Rey Fajardo” 1966, 70)

A los Jesuitas, pues, se debe el descubrimiento del brazo o canal natural llamado Avatiparaná o Casiquiare, entre el Alto Orinoco y el Rionegro, que comunica con el Amazonas.

Pero esta comunicación fluvial tan maravillosa entre el Alto Orinoco y el Amazonas queda interrumpida por los famosos “raudales de Atures” cerca de Puerto Carreño.

Los misioneros Jesuitas fueron muy eminentes en santidad, hábiles conocedores de las artes y ciencias humanas necesarias para enseñar a los indígenas. Digno de recuerdo el Padre José Dadey, verdadero sabio de su época, lingüista, músico virtuoso que en Fontibón creó una Schola cantorum para preparar a los futuros misioneros en el canto sagrado, polifonía y manejo de instrumentos musicales. Dadey construyó en Fontibón el primer órgano con materiales campesinos como cañabrava. Después trasladó su ciencia y artesanías musicales al Casanare donde los indígenas aprendieron a tocarlos con maestría.

Yo creo que la música llanera con arpa, cuatro, requinto, flauta, tambores etc, tuvieron su origen en las enseñanzas de este maravilloso maestro y sus discípulos.

Los Jesuitas trajeron animales domésticos, plantaron muchos frutales, algodón y cacao del que aún quedan extensos bosques silvestres en la selva de Amanavén.

Pero la misión también se preocupó en la importación de caballos y ganado para formar importantes hatos e incrementar la economía. Hoy nadie recuerda este gran beneficio.

Como nota especial fue el Padre Gumillas quien trajo el café al Casanare desde Abisinia hacia el año 1731. Otra base de nuestra riqueza económica nacional. El Padre Gumilla era carpintero, albañil, arquitecto, agrónomo, médico y hasta pintor. Dejó una interesante obra “Orinoco Ilustrado” Murió en 1750.

Si el Rey de España, Carlos III, no los hubiera expulsado el 27 de agosto de 1767 los Llanos Orientales serían hoy el emporio agropecuario, comercial, económico de Colombia.

En los años 1670 a 1678 el personal misionero que trabajaba en el Orinoco quedó muy reducido, ya que los Padres fueron requeridos para prestar su servicio educativo en los colegios del Nuevo Reino.

Para cubrir este vacío de misioneros la Comunidad acudió a España. Llegaron como nuevos “doctrineros” destinados al Orinoco (Vichada) los Padres Ignacio Fiol, Cristóbal Radiel, Gaspar Beck, Agustín de Campos, Julián Vergara, José Sylva y Alonso de Neyra quienes ocuparon las misiones de: Turrare, Adoles, Peroa, Cusia, Maciba, Duma y Catarubén. Casi todos los indígenas eran Adoles, Sálibas y Achaguas que según anota el Padre Juan Rivero “les robó el afecto por su docilidad y buenas prendas para recibir la fe”.

Un factor político – económico sobrevino en la región del Orinoco que incidió mucho en la situación de las misiones: la enconada disputa entre españoles, ingleses y franceses por el predominio de la tierra. Con el fin de afianzar sus propias jurisdicciones los conquistadores hicieron alianzas con los indígenas Caribes, de carácter violento, guerrero, y con gran influencia y poder sobre las demás tribus. Además eran inteligentes en sus negocios con los europeos logrando comercio de armas de fuego, utensilios y poder bélico ante los demás indígenas. Rechazaron todo contacto con los misioneros y con sus enseñanzas que denunciaban las injusticias y matanzas de blancos y Caribes. Esta actitud adversa de los Caribes a la religión la aprovecharon los holandeses, españoles y franceses hasta el punto de utilizarlos como instrumento fatal para destruir la misión de la Iglesia y sacrificar a los misioneros. (Mariano Useche Losada: “Proceso Colonial en el Alto Orinoco”)

La destrucción total de las misiones y el martirio de los Padres los narra el Padre Joseph Cassiani S. J con detalles escalofriantes. Lo transcribo casi literalmente:

“ Este año de 1684 a tres de octubre, se vió en el río unos indios armados… así sucedió, porque divididos en la ribera en distintos trozos los ciento quarenta caribes, que eran todos los que vomitaron las piraguas, se repartieron a las poblaciones, en donde residían los padres (que ellos bien informados venían del terreno), una partida acometió a Catarubén donde estaba el padre Ignacio Fiol, otra a Duma donde residía el padre Theobasth y la tercera a Cusia, pueblo habitado por el padre Gaspar Beck ; en estos tres pueblos entraron a la misma hora, y podemos decir a sangre y fuego … desahogando furias, rabias, barbaridad y atrocidades: los pobres inocentes indios (de la misión) como cordero sin armas, y sin hiel, no tenían ni sabían otra defensa que la fuga: a esta dieron lugar los padres que salieron a la oposición imaginando detener furia ciega con palabras dulces; pero ellos explicarían su intención clamando: venimos por los cristianos, a estos tenemos, con estos nos contentamos; y efectivamente, a repetidos golpes de macana o mazos, acabaron en breve con los tres padres. (Luego) aplicaron cuidado al hurto y se dedicaron al saqueo”.

Duma fue fundada por el padre Gaspar Beck en 1681 y allí se estableció luego el padre Theobast en 1682 hasta su muerte en 1684.

Cusia o San José de Gusio fue fundada por el padre Gaspar Beck en 1681, atacada en 1684 y su misionero Gaspar Beck fue descuartizado.

Catarubén fue fundada por el padre Ignacio Fiol en el comienzo de los raudales de Atures.

Fue atacada en 1684 cuando los Caribes mataron al padre Fiol.

Santa María de los Adoles fue fundada por el padre Agustín de Campos en 1681 cerca de los raudales de Atures. Fue destruida en 1693 cuando asesinaron al padre Vicente Loverso.

La misión de Nuestra Señora de los Sálibas llamada también Yanaquí fue organizada por el padre Antonio de Monteverde con la ayuda del padre Castán. Los misioneros fueron muy apreciados por los nativos, pero los Caribes dieron al traste con todo al matar a los dos padres en 1670.

Y continúa el Padre Cassiani: El cacique “Giravera el mismo que había dado muerte al padre Fiol y sus compañeros, disponiendo aprisa una de sus piraguas entró gente y vagando día y noche entró en la población que llaman de Adoles… después de distraer al capitán cayó el padre Vicente Loverso y le dieron muerte el 12 de febrero de 1693”.

El padre Fernández Pedroche concluye: “Los pueblos de Catarubén, Cusia y Duma se acabaron completamente y la gente se retiró a la ribera derecha del Vichada”.

Las semillas del Evangelio quedaron sembradas en los corazones de los indígenas y de los llaneros: fe en Dios, devoción a la Santísima Virgen, un gran respeto por las virtudes humanas como la hospitalidad, la alegría, la música y el respeto a la palabra empeñada. La costumbre de “echar el agua” a los niños como bautismo de urgencia y que perdura hasta hoy.

Son 141 años de misión de los Padres Jesuitas en el Orinoco (Vichada) con todos los esfuerzos, sudores, sacrificios, empresas, desarrollo integral de los pueblos nativos que el despotismo de un Rey dejó reducidos a cenizas. Pero de la ceniza también ha surgido una nueva vida misionera.

Hoy nuevas Congregaciones Misioneras hemos tomado la enseña de Iglesia Misionera conscientes de que “la sangre de los mártires es semilla de cristianos”.

Animados por el ejemplo admirable de apostolado que estos insignes Misioneros Jesuitas nos han dejado como herencia imperecedera, seguiremos construyendo el Reino de Dios en las inmensas sabanas de los LLANOS ORIENTALES.

ALVARO EFRÉN RINCÓN ROJAS